Domingo por la tarde. Estuve esperando a que los
colores del otoño alcanzaran su mejor momento.
Quería aprovechar la luz cálida y las sombras que
comenzaban a alargarse para tomar algunas fotos.
Las hojas de la alameda se volvieron amarillo-oro,
mientras que otras, exhiben su amarillo pálido-verdoso...
Muchas yacen a la vera del camino
con ese color óxido crujiente tan característico
y que tanto me agrada pisotear...
